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EL CONVENTILLO DE LA CALLE PLACILLA EN VALPARAÍSO |
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El conventillo se encuentra en silencio como todas las noches. La luz
eléctrica fue apagada oportunamente a las 10 de la noche como el dueño
de "la Cité", como le dicen las viejas presumidas, ha ordenado a doña
Raquel, la mayordoma. Ella conecta la luz cuando oscurece y después que
los gritos de los habitantes - ¡La luuuuz! ¡La luuuuz! -. se van
haciendo cada vez más insistentes y agresivos.
Doña Raquel se encarga de cuidar que los inquilinos ahorren la luz y el agua que sale de los dos pilones situados en medio del patio, detrás de los WC y por su servicio obtiene como única retribución el arriendo gratuito de su cuartucho. Son 14 cuartuchos con paredes de barro, piso de madera y techo de lámina de 4 por 4 metros y un cuartillo para cocinar donde apenas cabe una cocinilla a parafina alrededor de un patio central los que integran el conventillo de la calle Placilla 822 y no se tienta el corazón para desconectarla lo más pronto posible porque quiere dormirse temprano. Es medianoche y es sábado, en los alrededores se escuchan algunos gritos de los amanecidos. Pasada la una dela mañana se escucha la voz de un borracho que canta un tango. Te sigo esperandooooo.... Es el vecino de la pieza dos, Dinamarca, pequeño de estatura pero muy pleitista que desafía a pelear a Genaro, de la pieza ocho.... después de varios intentos se oye la respuesta de Genaro que le dice: ... Y yo te sigo aguantando...y sale de su habitación sin hacer caso a los gritos de su mujer para que no pelee. La escena es de locos. Se ponen frente a frente, Dinamarca le canta versos de un tango y Genaro le responde con otro. Entre verso y verso se echan sus tragos de vino tinto del cual Dinamarca llegó bien provisto. Después de mucho cantar echándose versadas, más que habladas, terminan cantando juntos Adios muchachos compañeros de mi vida, mientras se van del conventillo a buscar algún lugar donde seguir tomando.
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